¡Hola a todos!
Hoy compartimos con vosotros, como ya dijimos que haríamos, un nuevo reto, en este caso el que hicimos Juanki, Axier, Sergio, Antonio y una servidora el sábado 11 de enero.
Explicarlo sólo de palabra resulta un poco complicado, sobre todo si no se conoce la zona en la que realizamos el entrenamiento, por ello y para facilitar las cosas, añadimos aquí un pequeño mapa de la zona en el que están señaladas las distintas partes del reto (bastante largo, la verdad) que explicaremos más abajo.
Antes de explicar el recorrido general, debemos hacer unas cuantas apreciaciones. En primer lugar, todo el recorrido a cuadrúpedo lo hicimos cargando con nuestras pertenencias, ya que no teníamos donde dejarlas. En segundo lugar, cada uno de nosotros tenía dos oportunidades para cambiar el tipo de cuadrúpedo (hacia alante, hacia atrás, de lado, boca arriba...), y cada vez que uno de nosotros cambiaba, debíamos cambiar todos. Por último, y como siempre, se podía descansar todo lo necesario, siempre con manos y pies en el suelo.
El recorrido comenzaba en la conocida zona de Azca del "gato-preci", señalada en el mapa con un punto rojo (aunque en el mapa el punto está a mitad de la rampa, que es donde empezamos realmente, porque había más gente entrenando). Debíamos ir a cuadrúpedo (representado en el mapa por la línea roja) hasta la zona de "la Vaca Argentina" (señalada en azul en el mapa), donde se debían hacer 5 planchas en el muro que podéis ver en la siguiente foto:
Esperamos a que todos las hubiéramos terminado, y continuamos el recorrido a cuadrúpedo hasta la zona señalada en el mapa con un cuadrado verde, en la que había que subir y bajar unas escaleras cinco veces. Las escaleras tienen unos 15 escalones por tramo, siendo tres tramos, lo cual fue en total (45 escalones x 5 subidas) + (45 escalones x 5 bajadas) = 450 escalones aproximadamente.
Una vez terminado ese ejercicio, recorrimos el último tramo a cuadrúpedo, descansamos brevemente, e iniciamos el camino de vuelta hasta el gato-preci, que era igual que el de ida, incluyendo las 5 planchas, pero exceptuando el ejercicio de las escaleras.
Una vez llegamos, agotados, al gato-preci, tocaba hacer un sprint, o correr al máximo el tramo señalado en el mapa con la línea morada. Por último, debíamos volver la mitad de ese tramo hasta el gato-preci cargando con un compañero, y éste cargaría con nosotros la otra mitad. ¡Y aquí terminaba el reto!
Personalmente, al principio, mis cuádriceps fueron los que más sufrieron, pero a medida que recorríamos más y más metros a cuadrúpedo, fueron mis muñecas las que empezaron a resentirse, llegándome a doler bastante. Pero como siempre, mi parte favorita de esto es el apoyo que nos damos unos a otros, gracias al cual estoy segura de que pude acabar este reto, y muchos más. :)
Nos despedimos por hoy, esperando que el hecho de que compartamos nuestros entrenamientos os inspire a buscar nuevos retos en los vuestros, y deseándoos que seáis muy felices.
¡Hasta la próxima!
PKMD
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lunes, 20 de enero de 2014
jueves, 9 de enero de 2014
Entrenamiento sábado 4/1/2014
¡Hola gente! :)
Antes de contar qué hicimos este sábado pasado, quería comentar que a partir de ahora iremos publicando entradas en las que contaremos nuestros entrenamientos, sobre todo si son cosas poco comunes, como fue el caso del reto de los árboles (click aquí para leerlo) o como el reto de este último sábado.
Pues bien, el sábado día 4 llovía a mares, pero igualmente quedamos como siempre para entrenar en Azca. No fue un entrenamiento muy duro en general, ni tuvo nada muy destacable, exceptuando el reto que decidieron llevar a cabo Sergio, Axier y Álvaro. Consistía en recorrer a cuadrúpedo una distancia de unos 250 metros, gran parte de ella bajo la lluvia, como se puede ver en la imagen.
Sólo había una "norma" por así decirlo, y era que si te cansabas, podías cambiar de tipo de cuadrúpedo (de espaldas, de lado...), aunque por supuesto se podría descansar parando, siempre con manos y pies apoyados.
Las dificultades eran claras, la lluvia, el suelo resbaladizo, el cansancio que se iba acumulando, el frío... pero aún así los chicos consiguieron hacerlo entero.
Así que bueno, sólo añadir que compartiendo estas cosas pretendemos también recordaros y animaros a que innovéis, que probéis a cambiar de vez en cuando, a hacer entrenamientos distintos a los que no estáis acostumbrados, a poneros retos, a hacerlos en grupo poniendo vuestras normas... pero sobre todo a divertiros y a jugar.
¡Feliz año a todos! Os deseamos lo mejor para este 2014.
Antes de contar qué hicimos este sábado pasado, quería comentar que a partir de ahora iremos publicando entradas en las que contaremos nuestros entrenamientos, sobre todo si son cosas poco comunes, como fue el caso del reto de los árboles (click aquí para leerlo) o como el reto de este último sábado.
Pues bien, el sábado día 4 llovía a mares, pero igualmente quedamos como siempre para entrenar en Azca. No fue un entrenamiento muy duro en general, ni tuvo nada muy destacable, exceptuando el reto que decidieron llevar a cabo Sergio, Axier y Álvaro. Consistía en recorrer a cuadrúpedo una distancia de unos 250 metros, gran parte de ella bajo la lluvia, como se puede ver en la imagen.
Sólo había una "norma" por así decirlo, y era que si te cansabas, podías cambiar de tipo de cuadrúpedo (de espaldas, de lado...), aunque por supuesto se podría descansar parando, siempre con manos y pies apoyados.
Las dificultades eran claras, la lluvia, el suelo resbaladizo, el cansancio que se iba acumulando, el frío... pero aún así los chicos consiguieron hacerlo entero.
Así que bueno, sólo añadir que compartiendo estas cosas pretendemos también recordaros y animaros a que innovéis, que probéis a cambiar de vez en cuando, a hacer entrenamientos distintos a los que no estáis acostumbrados, a poneros retos, a hacerlos en grupo poniendo vuestras normas... pero sobre todo a divertiros y a jugar.
¡Feliz año a todos! Os deseamos lo mejor para este 2014.
jueves, 21 de febrero de 2013
La aventura de entrenar
Lo que define una aventura es la
incertidumbre, es decir, marcado un objetivo no saber si se va conseguir
llevarlo a cabo, o en qué condiciones se va a lograr. Blane escribió en su
artículo A Call To Arms: “Remember a
challenge is not a challenge if you know you can make it” (Recuerda que un reto
no es un reto si sabes que puedes hacerlo).
Este
último sábado (17/2/2013) Jesús y yo quedamos por la mañana para entrenar en
Azca, y si algo caracteriza los entrenamientos cuando nos juntamos, es que es
inevitable que acaben convertidos en una auténtica aventura que nunca nos deja
indiferentes.
Esta vez nos propusimos un reto que llevábamos tiempo queriendo intentar, que consistía en subir trepando a todos los árboles que rodean el foso. Como es nuestra costumbre, antes de empezar establecimos las condiciones que debíamos cumplir para dar por superado el reto:
- Considerábamos subir al árbol ponerse en pie sobre la primera rama y poder soltar las manos sin perder el equilibrio.
- Debíamos subir por orden al total de 12 árboles que rodean el foso. Si uno de los dos resbalaba y no conseguía subir al primer intento, los dos debíamos volver a empezar desde el principio.
- Podíamos descansar lo que hiciera falta entre árbol y árbol, pero no nos íbamos a ir de allí hasta completar los 12 árboles seguidos, por muchas veces que tuviéramos que repetirlo.
Los
árboles eran plátanos de sombra, muy comunes
en paseos y jardines, con una altura del suelo a la primera rama de unos
5 metros y un diámetro que permitía rodearlos con brazos y piernas para trepar.
Como entrenamos muy a menudo en Azca, hay que decir que no era la primera vez
que subíamos a alguno de estos árboles, pero nunca habíamos subido a tantos
seguidos, ni siquiera en un mismo día, y no era rara la vez que se necesitaban
un par de intentos para alcanzar la primera rama y subirse a ella, debido a que
la corteza seca se desprende y la que no está seca resbala, con lo que es fácil
retroceder más de lo que se avanza y acabar por volver al suelo antes de llegar
arriba.
A
pesar de todo, estábamos dispuestos a cumplir nuestra palabra y terminar el
reto costase lo que costase. Y para cuando me quise dar cuenta, Jesús ya estaba
trepando al primer árbol.
El
primero fue sencillo, ya lo habíamos hecho otras veces y estábamos descansados,
así que fue un mero trámite para el segundo, en el que tras ver que la suela de las deportivas no tenía buena adherencia en la corteza y nos podía hacer
fallar, Jesús decidió quitárselas para el tercero. Tratándose de un reto común,
era o todos o ninguno, así que yo también me quité las deportivas y decidimos
terminar el resto del reto descalzos.
Al subir al tercer árbol comprobamos que
el pie descalzo agarraba mejor, siendo también conscientes de que los pies
sufrían más por las quemaduras y los cortes con la corteza, y de que debíamos
bajar hasta abajo por el árbol, ya que con el pie desnudo no podíamos hacer
fondo al suelo desde la mitad de la bajada. De esta manera la bajada empezó a
suponer también todo un reto y aparecieron los primeros arañazos en los
antebrazos como preludio de todo lo que nos quedaba por delante, pero ya era
tarde para echarse atrás.
En
el cuarto árbol quedó patente que el que subía segundo contaba con cierta
ventaja al haberle limpiado el primero toda la corteza seca que se desprendía,
así que en el siguiente yo subiría primero para equilibrar esfuerzos.
Antes
de subir al octavo hicimos un pequeño descanso, ya que el cansancio empezaba a
pesar mucho más que el dolor de las heridas, y el temor a fallar y tener que
empezar de nuevo iba en aumento. Con dificultades logramos el octavo e
inmediatamente después el noveno, quedándonos por delante los árboles más duros
de subir.
Aparte
de que cada vez estábamos más cansados y en consecuencia nos heríamos más, el
décimo árbol era el más ancho y difícil de abrazar, y el undécimo se curvaba
hacia la mitad y dificultaba mucho el último tramo. En este momento el dolor y el cansancio solo
podían superarse por la determinación de no fallar bajo ningún concepto.
Estábamos exhaustos y teníamos verdadero miedo a caer, no por hacernos daño en
la caída, pues al ir abrazados al árbol no había riesgo, sino por el esfuerzo
que supondría no subir en el primer intento y tener que repetirlo todo. Rendirnos y faltar
a nuestra palabra no lo considerábamos una opción.
El último árbol decidimos acabarlo los dos arriba por marcar la diferencia con los anteriores. Puede que solo fuera cuestión del cansancio y la tensión, pero parecía que la corteza resbalaba más, hacía más daño y se desprendía más de lo normal. Resbalando, estando apunto de fallar en lo más alto, agarrando la primera rama al límite de las falanges de los dedos y dejando un pequeño rastro de sangre, al fin logramos subir los dos al duodécimo árbol y completar el reto al primer intento.
Cada árbol que subimos la mañana del
sábado era una pequeña victoria y una prueba de que el final estaba cada vez
más cerca, pero a la vez implicaba estar más heridos y cansados para el
siguiente. Fue hacia los últimos árboles cuando el reto dejó su dimensión
física en un segundo plano: los músculos aguantarían un último esfuerzo y no
nos íbamos a morir por sangrar un poco más, pero terminar tal como nos habíamos
propuesto suponía un esfuerzo y sufrimiento cada vez más difíciles de asumir,
poniendo a prueba y llevando al límite nuestra fuerza de voluntad y nuestro
coraje.
Cuando parecía que ya no podíamos más, en el momento en que en una situación normal habríamos caído, seguimos adelante con la misma fijación con la que subiríamos si nos fuera la vida en ello, como si en lugar de cinco metros de caída hubiesen sido cincuenta, o como si la vida de alguien dependiera de que fuésemos capaces de alcanzar la primera rama y subirnos a ella.
Cuando parecía que ya no podíamos más, en el momento en que en una situación normal habríamos caído, seguimos adelante con la misma fijación con la que subiríamos si nos fuera la vida en ello, como si en lugar de cinco metros de caída hubiesen sido cincuenta, o como si la vida de alguien dependiera de que fuésemos capaces de alcanzar la primera rama y subirnos a ella.
La
pequeña aventura que nos habíamos propuesto resultó ser toda una experiencia en
la que jugó un papel muy importante la confianza, tanto en nuestra propia
fuerza como en la del otro, ya que ninguno de los dos quería caer y obligarnos
a repetirlo, y los dos confiábamos plenamente en que el otro lo daría todo para
no caer.
En realidad da igual que el reto fueran
12 árboles, para alguien más fuerte podrían haber sido 60, y para otros sería
todo un reto conseguir subir solo a uno de ellos. Lo importante es la
incertidumbre de no saber si lo lograrás y la determinación de lograrlo por
mucho tiempo y esfuerzo que eso suponga. Enfrentarnos a retos de este tipo nos
hará más fuertes y forjará el espíritu con el que el que afrontaremos
dificultades futuras.
Además, al hacerlo como un equipo en que o todos ganan o todos pierden, los vínculos de confianza y respeto mutuos que se crean no tienen precio.
Además, al hacerlo como un equipo en que o todos ganan o todos pierden, los vínculos de confianza y respeto mutuos que se crean no tienen precio.
Tomás Ezquerra
Parkour Madrid
www.parkourmadrid.com
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